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May

Comenzamos una serie de dos artículos, que aparecerán próximamante en la revista IDEAS EMPRESARIALES sobre el tema expuesto.
Un vistazo a determinados índices de la economía mundial nos ofrece una visión idílica de la entrada en el 2007. En términos de PIB se crece globalmente en torno al 5%, las tasas de inflación resultan aparentemente moderadas, países emergentes muy significativos mantienen un alto crecimiento, han corregido enormemente sus desequilibrios macroeconómicos, especialmente en el aspecto relativo a su déficit público o las reservas de divisas. Nunca hubo mayor consenso entre los analistas respecto a las buenas expectativas a principio de año. La demanda a nivel mundial parece estar sostenida por más de un área económica. Los países emergentes crecen notablemente y retroalimentan a los desarrollados. Los beneficios empresariales ascienden con respecto al trimestre anterior y las tasas de desempleo descienden. Los inversores han reducido las primas de riesgo a un mínimo histórico, es decir, nunca hubo tan poca diferencia entre la rentabilidad del bono americano y el brasileño. ¿Demasiado bonito para ser realidad, o por lo menos, para que la sostenibilidad de dichas cifras siga teniendo una duración tal, que permita llegar a una década completa de crecimiento continuado?
Tal escenario creciente de la economía mundial, tras la crisis experimentada en el año 2001, empieza a presentar notables incertidumbres. Porque los riesgos, amenazas y factores de diversa índole, existen. Una subida continuada del petróleo, un agravamiento de la situación geopolítica en oriente medio (incluso cualquiera de los distintos conflictos existentes a nivel regional), una abrupta caída del dólar, un aumento del proteccionismo en el comercio mundial o un estallido de la incierta situación en China, todavía inmersa en un muy largo periodo de alto crecimiento, pero sustentado en frágiles pilares, que podrían agrietarse bruscamente. Y las previsibles dificultades financieras de las masivas operaciones apalancadas a nivel mundial de los “Hedge Fonds” y los “Private Equity”. Factores todos ellos no desdeñables, cuya aparición provocaría enormes turbulencias en los mercados de inversión a nivel mundial.


Fijémonos además en un fenómeno asociado en general a prolongados periodos de crecimiento, reactivado inicialmente con bajas tasas de interés como motor incial, y/o acompañada de fuertes bajadas de impuestos como resultado de medidas de política fiscal (caso de EEUU), que provoca la acumulación de enormes bolsas de liquidez monetaria. Pocas veces hemos asistido en los mercados de activos a desequilibrios tan fuertes, o en su defecto la mera sospecha de los mismos, como las sobrevaloraciones existentes en la actualidad, las conocidas vulgarmente como burbujas. Técnicamente se produce cuando el precio que alcanzan un activo (inmobiliario incluido) empieza a no justificarse con el de sus valores fundamentales, llegando a alcanzar un precio muy superior al que situaciones históricas y que en condiciones objetivas se le podría asignar.
La otra cara de la moneda de las buenas expectativas a nivel global nos lo ofrece lo acontecido recientemente en EEUU. Las malas perspectivas que parece arrojar su mercado inmobiliario pueden dejar huella. La subida del precio de los inmuebles a comienzos del milenio ha sido el referente básico de un consumo creciente, a su vez pilar fundamental de un PIB, que empieza a mostrar síntomas de agotamiento. La caída del mercado inmobiliario provocaría el efecto contrario. Descenso del consumo e inversión, aumento del desempleo, y con ello la morosidad bancaria. Se detiene la concesión de préstamos y la actividad de construcción. La enorme correlación PIB- mercado inmobiliario podría provocar una recesión, como ya ha llegado a anticipar incluso el propio Greenspan. Porque en el mercado de la inversión, el sector inmobiliario a nivel mundial es de vital importancia, si reflexionamos con algunas cifras comparativas. La inversión en inmuebles, incluida la vivienda en propiedad, representa una cifra altísima en comparación con la renta fija o variable. En Alemania, por ejemplo, donde las cuotas de propiedad son bastante bajas (alrededor del 60% de viviendas en alquiler), respecto a países como España, donde la cuota de propiedad alcanza más del 80%, la inversión en activos inmobiliarios se estima en 8 billones de EUR. Una cifra notablemente superior si lo comparamos con los 525 Mrd. en renta variable. Incluso en EEUU, donde la cultura en renta variable es la más alta del mundo, la relación estimada de activo inmobiliario frente al bursátil se cifra aproximadamente en la abrumadora proporción de 4 a 1. Primera idea fundamental: una burbuja bursátil puede ser peligrosa pero una inmobiliaria podría llegar a ser demoledora.
¿Cómo enfoca el lector la posibilidad de que entremos en nuevo ciclo, consecuencia de un enfriamiento de carácter macroeconómico?
¿La burbuja inmobiliaria, es un fenómeno local o el efecto contagio pueder ser inmediato?

Comments

Classificados pessoais November 17, 2009 - 9:44 am

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